No apagues la sonrisa que nuestra historia no será fácil. No jadees las miradas que te tengo guardadas. Historias como estas no se cuentan en cualquier lugar, no se cuentan en la escuela, ni tampoco en las películas que suelen estar en estreno. Todo lo complicado se remite a un final con sonrisas y a un siempre sabor amargo. Aquí sonreímos mientras el sol sigue en pie, lloramos y ni sabemos porqué.
Queremos desesperadamente a algo teniéndolo delante y sin fuerza para poder decirlo. Esas historias no se suelen contar. Tampoco sé si de verdad tiene alguna moraleja. Sólo sé que nos levantamos siempre a la misma hora, si no lo hacemos perdemos el café, el te, el mate... y los buenos días. Tomamos el primer cole directo a la rutina, sin paradas por favor, no quisiera marearme.
Almorzamos el teléfono sonando con mensajes que dicen que aguantemos un poco más, tan solo un poco mas. Con sólo alzar la vista vemos pasar delante de nuestra vida a la rutina, que no se ha olvidado la monotonía en casa, qué va, pero hoy quiere ir de moderna. Las luces naturales se apagan como diciendo "preparate; te toca irte". Y nos vamos sonriendo... aunque nos pese CADA parte de nuestro cuerpo de manera distinta.
Aguantamos el equilibrio hasta llegar a casa, y aquí no hay rutina. Sólo nuestras sonrisas, nuestros abrazos y las ganas de no acabar aún con esta historia, no quiero un final feliz, si llega al final, ¿que más da que sea triste?. Queremos que no nos cueste nada llegar a la cama y recibir un beso, que no nos cueste, que no me cueste, levantarnos a media noche y que nos falte un poco de sabana por que el otro no tenga frío. Que no nos cueste jamás poder ayudar al otro y poder retribuir cada sentimiento de gratitud ala otra persona, es complicado, asumir la rutina, todos hablan de que cansa, pero aunque decaiga la intensidad, es normal, no somos invencibles. Somos efímeros. Y no queremos perdices.
No hay comentarios:
Publicar un comentario